Hola,
La semana de abstinencia a uno de mis múltiples vicios se ha visto colmada de crispaciones. Sostengo la triste teoría de que he vuelto a ser el que fuera: me he convertido otra vez en un intolerante.
La vida del intolerante es insoportable. He perdido el poco respeto que tenía, tuve o tendré por las ideas que no son propias ni ajenas.
Como lenitivo del endurecimiento de mi forma de ver la vida, una posición bastante incómoda, podría alegar que la experiencia me ha demostrado cierto aquello de que "algunas cosas nunca cambian". Entonces, aún siendo un intolerante ¿para qué calentarme?
Aún cuando la máxima diferencia que se tolera o admite entre el valor nominal y el valor real o efectivo en las características físicas, químicas o álmicas de los objetos, situaciones o personas se haya reducido a casi cero, intento vivir en paz con la gente que me rodea.
Trabajo en olvidar las cosas que no tolero para evitarme el disgusto de recordarlas. Constituye esto una lamentable ironía, ya que al descuidar la memoria de mis enfados y cabreos, vuelvo cada mínimo enojo tierra virgen de la más desconsolada ira.
Lucas.-
Sin titulo
-
Le chifla, ella se da vuelta. Parecían desconocidos, pero eran más que
conocidos. Ella enojada le saca la mano de él que sostenía con fuerza su
brazo. Él s...



